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La emergencia de nuevas prácticas culturales en la ciudad

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José David Luna, Licenciado en Historia del Arte

Licenciado en del Arte y posgrado en Animación sociocultural, ocio y tiempo libre, centra su actividad profesional en los ámbitos de la cultura y el desarrollo local.

Actualmente trabaja como dinamizador cultural y colabora en distintos colectivos y plataformas relacionadas con la cultura y la participación ciudadana.

Desde su amplio conocimiento de los movimientos creativos locales, José David Luna pone de manifiesto como, ante la escasa o nula predisposición de las administraciones públicas a generar procesos participativos para fomentar una ciudadanía activa culturalmente, se han multiplicado en Córdoba las iniciativas independientes de artistas, gestores y creativos de todos los sectores, que introducen nuevas corrientes, nuevas prácticas y nuevos acercamientos a la cultura.

Hay días en los que te preguntas ¿ha cambiado algo desde el último día en que me pregunté si había cambiado algo? Plantearte esto en el ámbito de la cultura es, cuanto menos, laborioso, ya que se trata de un sector que se rige por dinámicas fluctuantes y que, a pesar de que integra a las manifestaciones tradicionales, es sensible al cambio en gran medida. Pero hay que planteárselo. Es necesario satisfacer esa pregunta sobre el estado de las cosas culturales y hay que responderla de manera seria, rigurosa, imparcial. Bueno, pues tomamos los datos del observatorio cultural de Córdoba y ya está, cuestión de relacionar valores y poco más…

Y ahora resulta que Córdoba, pretendida ciudad de la cultura y todo eso, no tiene observatorio cultural.


Vista la ausencia de datos creíbles que radiografíen la evolución de la cultura en la ciudad, la tarea de recopilar el devenir cultural ha de acometerse en plan voyeur, fisgando, recopilando, descubriendo.

Siendo así, el mapeo de las iniciativas independientes surgidas en Córdoba en los últimos años (valga la catarsis 2016 como punto de partida) adolecerá de verdad absoluta, pero podrá ofrecer un ligero acercamiento a la realidad que compartimos ahora: la cultura más dinámica y actual crece desde el ámbito privado al margen de los canales que ofrece la administración pública.

La cultura desde la función pública encuentra su justificación en que está reconocida como un derecho constitucional y, por tanto, debe ser atendida por los poderes públicos que representan a la comunidad.

Ahora bien, la diferencia en la gestión pública de las cosas culturales está en entender el derecho como una posesión o, por el contrario, hacerlo como una acción. Las obligaciones se poseen para cumplirlas, pero no parece tan asumido que los derechos, más allá de poseerlos, están ahí para ejercerlos. Cuando se practica el derecho a la cultura se supera el rol de mero consumidor y estamos más cerca de un estatus de agente promotor, comprometido y protagonista de su ciudadanía.

La administración pública debería desarrollar su gestión orientándola a la plena participación de los administrados. Pero no es así. Las programaciones culturales tienen más de productos de laboratorio-despacho (que responden a criterios personalistas), que de procesos de participación cultural, más encaminados al crecimiento colectivo de la ciudadanía a través de la corresponsabilidad en la gestión de su propia identidad.

No abogo por una cultura monopolizada por el sector público (respiren), sino por una cultura auspiciada y atendida por la comunidad que la genera a través de sus instituciones. La cultura fluye de manera natural entre las personas, y tanto es así que no existe civilización o comunidad humana que no haya generado sus propias manifestaciones como reflejo de sus valores, inquietudes y circunstancias. La cultura es, por tanto, un bien natural, como el agua, que no requiere de una génesis artificial.

Pero como ocurre con el agua, es oportuno aprovechar su corriente para sacar el mayor rédito, hay que potenciar sus efectos, hay que facilitar su transcurso, nuevamente, natural. Aquí quizá esté el reto de toda gestión pública: facilitar que los que hacen cultura puedan hacerla en las mejores condiciones y desde la perspectiva del bien común.

¿Por qué surgen las iniciativas privadas al margen de los cauces públicos establecidos para la cultura? Pues posiblemente porque esos cauces no están pensados para acompañar, sino para determinar. Las iniciativas que encuentran cabida en la gestión pública deben ser, estar y parecer adecuadas a la línea (y los tiempos) que marca ese híbrido de laboratorio-despacho técnico-político. Y claro, esto para la cultura que fluye libre y desenfadada, pues es malo.


Pero una mala canalización, una mala azuda, un mal dique no impiden que el agua siga manando. Igual ocurre con las expresiones culturales, que si no caben en el esquema público, buscan o encuentran (depende de los casos) otras vías para hacerse presentes.

En Córdoba, en el campo del patrimonio cultural hemos descubierto que ‘La arqueología somos todos’ de la mano de un proyecto universitario del Grupo Sísifo que se localiza en una entidad pública, sí, pero en una que pertenece al ámbito científico y no al administrativo. Un enfoque participativo y ¡listo! las piedras del pasado generan educación y ocio a partes iguales.

En esta línea (en la de usar el patrimonio allende el turismo) la gente de ‘Colaborativa’ tuvo que apelar al espíritu de una señora americana, Jane Jacobs, para plantear un acercamiento a nuestro territorio de manera directa, sin intermediarios, por la que cualquier persona puede diseñar, programar y desarrollar un paseo por los lugares de la ciudad que más le interesaran. Patrimonio, urbanismo y ciudadanía protagonista.

En la primera edición, Córdoba fue una de las principales ciudades a nivel mundial en programar paseos por sus calles. Mientras, desde lo público, la tematización con lucecitas y proyecciones de dudoso estilo copaban las innovaciones en materia patrimonial…

Otras “formas” de poseer el patrimonio han surgido. Córdoba ha sido entregada a los trazadores de rutas que, por unas cuantas monedas, disfrazan a la ciudad ahora de misteriosa, ahora de “shopping”, ahora de gastronómica y ahora de leyenda… Y para cerrar, mientras que nuestras administraciones reinauguraban un museo a la tortura (animal) o celebraban el nosecuantos aniversario de la parte de un edificio, la ciudadanía ha tenido que organizarse para que no le roben la otra parte. La plataforma que denuncia los abusos de la Diócesis cordobesa sobre nuestro principal recurso cultural representa la capacidad del patrimonio para empoderar a la ciudadanía y, de paso, avergonzar a sus gobernantes.

La expresión contemporánea en Córdoba es, entre todos los tipos de manifestaciones culturales existentes, la más desamparada. Sin hogar, quizá a la espera de la apertura del C4 (o como lo llamen) y sin equipamientos públicos flexibles para proponer (Vimcorsa, Orive y Pepe Espaliú no son recintos que acostumbren a recibir iniciativas privadas locales), la creación contemporánea ha sabido buscar sus espacios al margen de la red de inmuebles que, al ser públicos, también le pertenecen.

Llegó ‘El Arsenal’ con la munición que muchos esperaban: oferta de formación, actividades de creación, momentos para la reflexión y voluntad de networking (ya saben, de crear redes y eso). Se rompió el concepto de exhibición para dar paso al de construcción, mucho más participativo y, por ello, más exitoso en estos tiempos. Llegó también el calor de ‘La Fragua’, que se versionó en ‘Combo’ para vivir en la ciudad junto a otra apuesta de vanguardia como es la escuela de fotografía ‘Blow Up’. Dura tarea la de propiciar el encuentro de ciudadanía con artistas alojados en lo conceptual, en lo críptico, en lo expresionista.

Pero un pequeño cuartel general y una notable visión artística parecen estar sirviendo para ello, o al menos para poder decir que la cultura más vanguardista también se deja ver en Córdoba gracias a una técnica de efectividad probada: los intercambios y las residencias artísticas, métodos que hacen posible el trasvase de pensamientos y concepciones estéticas desde el Renacimiento hasta el doble check de Whatsapp.

Tan escasos son los lugares para programar de manera independiente que hubo que sacar el teatro a la calle, provocando un ‘Cortocircuito’ en el estatismo conceptual dominante. Salir a las calles con el teatro y subir a las azoteas con la música y la oratoria de ‘Red de Tejas’, una propuesta sevillana que contó con gran aceptación y con la presencia amiga de la policía local demandada por los vecinos. Así somos aquí, muy comprensivos (en Semana Santa, claro).

Y también entraron las artes contemporáneas en la casa del noble. El ‘Palacio de Viana’, aunque parece ser que solamente durante una ensoñación, abrió las puertas a las propuestas locales y dejó entrar a la música de la mano de ‘Eureka’, al teatro con ‘Avanti’, al ‘Cinexound’ con ‘La Bella Varsovia’. También las tecnologías y las nuevas formas de comunicación han encontrado su hueco, y aparecen en ‘Cosfera’, o en la ‘Ciudad Creativa’, o con los ‘Geoinquietos’. Y ahora estamos a la espera de un nuevo MODO de hacer las cosas desde la ‘Córdoba Ciudad Creativa’.

Y las letras, pues tirando. La convalecencia que casi liquida a ‘Cosmopoética’ ha sido dura e incierta, pero entre tanto los ‘Luneados’ se dedicaron escribir y leer cosas de su ‘Departamento de Cosas’, y hay quien se remanga y prepara una exquisita ‘Boronía’ cultural con letras.

Y la música, pues si no es de violín o corneta (que ésta sí que ha encontrado más acomodación en el cauce público), anda abriendo espacios a base de la fórmula concierto + copa. Nuevas salas como ‘Hangar’, ‘Ambigú’ ‘Golden’ o ‘Rockola’ se suman a los ya clásicos de la noche cordobesa, como ‘Jazz Café’, ‘El Automático’ ‘Long Rock’ o ‘Metrópolis’. Por ahí, en un polígono, el colectivo ‘Recycle’ está proponiendo rock a su gusto y por su cuenta. Pues eso, seguro que muy a gusto.

Resisten los de siempre. El ‘Teatro Avanti’, la ‘Fundación Gala’, ‘Carmen del Campo’ y algo más. Pero llegan otros nuevos, especialmente en el campo de la sociocultura, eso que es la cultura cuando promueve otras cosas que no tienen tanto que ver con el enriquecimiento individual como con el desarrollo comunitario. ‘La Casa Azul’ parece recoger el testigo del hoy menos dinámico ‘Círculo Cultural Juan XXIII’, y plantea encuentros y actividades de participación social y cultural, también como ‘La Tejedora’.


En el sur, el ‘Centro Social Rey Heredia’ ha puesto en marcha, entre otras muchas cosas, ‘Radio Dignidad’, una emisora que valida la comunicación directa de la ciudadanía y es altavoz de los movimientos y colectivos más implicados en el día a día local. Una radio que, siendo ilegal y funcionando sin apoyo económico, ha conseguido implantar un proyecto cultural de proceso en la zona, algo que Urban Sur, con toda la legalidad y financiación de su parte, no ha querido/podido/sabido promover. ‘Onda Palmeras’ y ´Radio Kalle’ vienen a demostrar que una emisora de radio es buena herramienta cultural cuando se trabaja a nivel de barrio, sin menospreciar al audiovisual que, en la misma línea, produce ‘El Entendedero’ o a otros conceptos de comunicación social como ‘La Trama Comunicacción’.

Y a nivel barrio, incluso de calle, sigue Goval y su vecindad de ‘Calle Imágenes’, poniendo la creatividad al servicio de la expresión en común. Y los patios, claro. Ahí siguen enriqueciendo, sin contraprestación alguna, a los servicios turísticos, ahí siguen…

Y son más las iniciativas abiertas y cercanas a la ciudadanía, como las ‘Urban Knitting’, que han tomado las calles para tejer redes con lana, o los ‘Urban Sketchers’, que convocan a dibujantes para compartir un escenario urbano plasmándolo en un cuaderno.

Y las ‘Personas Libro’, leyendo a la intemperie. Y también está en la calle Klara, la ‘Violinista del Puente’, y hasta otros músicos, con menos papeles. Y no fue la calle sino la plaza lo que tomaron en ‘Abades’ para usarla de manera creativa, a cielo abierto. ¿Y la muchachada, qué hacemos? pues a ‘La Casa de Tomasa’, por ejemplo, a aprender que la ciudad la crean también las personas y, por tanto, podemos pensarla juntos para vivir mejor.

Ahora es el momento de protagonizar. Mientras que desde lo público siguen intentando convocar con el evento que trae al famoso de turno, con la obra del mes o con el flamenquín más grande del mundo, desde lo privado asumen su papel en la creación del espacio público de la cultura, dando algunas pistas de por dónde irán los tiros en los próximos años. Para estar al tanto, seguiré consultando ‘Andalocio’ y ‘Cordópolis’, y si tengo tiempo y la sesera con fuerzas, echando un vistazo a ‘Ars Operandi’ o profundizando en publicaciones como ‘RebelArte’ (aquí presente).

Este repaso no pretende ser una relación exhaustiva, nadie se moleste si no tuvo mención. Para tener derecho a queja, este mapeo no debería haberlo hecho un tipo como yo en su propio laboratorio-despacho, sino un equipo cualificado en el departamento de prospección del Observatorio Cultural de Córdoba al servicio y en colaboración con el conjunto de agentes culturales de la ciudad. Eso por lo menos.


 

RebelArte, Mesas de Convergencia y Acción Ciudadana de Córdoba

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